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El Mate Blanco o Mate escrito

Como hemos dicho en otras oportunidades buscar acerca de la historia y la tradición del uso y costumbres del Mate representa un ingenioso trabajo de decodificación y de acumulación de conocimientos que no se encuentran fácilmente, ni están disponibles al público en general.

mate-blancoEl Mate Blanco, más conocido como Mate de Leche, representa una de las tradiciones más ocultas dentro de la cultura del Mate. Usualmente se lo utiliza en muy pocas situaciones, para la mayoría de la gente adulta que consume mate y puede hablar alguna cosa de él, el Mate de Leche es apenas un recuerdo de la infancia. Sólo luego de un gran ejercicio de memoria, las personas suelen recordar alguna anécdota en referencia a este uso particular de la bebida.

Siempre asociada a situaciones familiares, es decir a reuniones especiales de un grupo familiar o de especial confianza. Cuando se le consulta a la gente acerca de esta particular manera de beber mate, los recuerdos siempre giran alrededor de una escena grupal, con familiares muy cercanos o con amigos muy cercanos de la familia. Siempre, en eso todos los relatos son coincidentes, la estación del año elegida para el uso del mate blanco es el invierno o aquellos días particularmente muy fríos. De igual modo, su uso se establece por la mañana o al mediodía, muy rara vez por la tarde, pero jamás si lo bebe por la noche, al finalizar el día o con poca luz.

Por muchos es considerada esta bebida una comida líquida, generalmente se la ubica ligada al desayuno, más bien a uno sin sólidos. Sólo los más descuidados o golosos la han compartido con algún alimento dulce, como biscochos o pan tostado.

A pesar de lo dificultoso que resulta hallar indicios o simplemente buena información acerca de esta elección de transformación de la bebida original del mate con agua, la utilización de leche ha quedado extrañamente olvidada o más bien escondida dentro de una tradición oculta.

Los jóvenes de hoy la han probado muy rara vez, sólo acotan algún recuerdo vago cuando se les pregunta sobre su experiencia sobre ello, la mayoría lo asocia inmediatamente a los miembros mayores de la familia, abuelas cuidadoras de nietos, mañanas especiales de reunión familiar o simplemente a la presencia de alguna señora mayor ligada al círculo familiar o al barrio.

Todos y cada uno de ellos inexorablemente liga la bebida a un buen recuerdo, a algo de la esfera del amor y del cuidado, por ello siempre el arquetipo más utilizado de referencia es la Gran Madre y la Gran Abuela, como si su figura se hubiera agigantado al unirla al recuerdo del Mate de Leche. Todos los consultados que han participado de la experiencia expresan una mueca especial en el rostro. Algo de brillo singular se refleja en los ojos y hasta el rostro en general puede llegar a cambiarse un poco.

Sólo las personas mayores, los abuelos, han dejado entrever algo más misterioso y hasta encriptado en el uso del mate blanco. En general reacios a dar información certera, las conversaciones giran en torno al amor de familia, a la situación de cuidado de parte de los mayores, o a algo bueno pero fuerte y que es mejor no hacerlo frecuentemente; unos pocos han mostrado en sus silencios que podría existir algo más allá de lo que se dice.

Movido por este tipo de indicadores, es que durante muchos años me mantuve alerta y expectante a la hora de resolver qué misterios se movían entorno al Mate de leche. En una ocasión, con motivo de una visita a la tierra donde mi madre nació, me crucé en una noche de invierno con un sereno, un hombre mayor que cuidaba los autos en el estacionamiento del hotel donde yo dormía. Este señor se mantenía despierto toda la noche en compañía de un mate de Pomelo, simplemente utilizaba una tres cuarta parte de esta fruta como recipiente o calabaza y sobre él, yerba de por medio, se cebaba unos jugosos mates.

Grande fue mi sorpresa al ver al hombre beber el mate de esta manera. Aquella noche se ha vuelto inolvidable para mí, este buen hombre cada vez que terminaba su mate y me ofrecía el siguiente, exhalaba unos estruendosos ruidos que salían de lo profundo de su estómago. Sin mover absolutamente nada y con los ojos tan inquietos como siempre, continuaba cebando, tomando o compartiendo conmigo el mate. Reconozco que al principio fue muy difícil mantenerme serio y respetuoso frente a semejante escena. Sus eructos iban y venían sin siquiera disculparse, de forma natural. Seguramente él pudo interpretar mi molestia y para mi tranquilidad, me dio una pequeñísima explicación de lo que estaba sucediendo y porqué utilizaba el Mate de Pomelo como herramienta para trabajar y mantenerse despierto.

Fue recién después de bien entrada la noche y luego de decirle que mi madre había nacido en ese pueblo, que la confianza entre ambos me permitió preguntarle qué era lo que él sabía acerca del Mate de leche.

Su rostro por primera vez esbozó una reacción. Me miró fijo como analizándome, sus ojos rasgados se montaron sobre su nariz aguileña de manera amenazante. Respiró un poco más profundo que de costumbre y dijo ah…. El Mate escrito.

Se produjo un prolongado y espeso silencio… Y luego agregó, de eso yo no hablo. De eso saben las mujeres y yo no lo hablaría con cualquiera. Si querés saber en serio del tema, te junto con “La que no se puede decir su nombre”. Sí claro, por supuesto dije. Haciendo un esfuerzo para no tartamudear. Acordamos ir a la casa de ella la noche siguiente.

Una señora de edad muy avanzada, de tez llamativamente clara, de rostro sereno y mirada profunda me estaba esperando junto a un pequeño fogón en una habitación poco iluminada y de piso de tierra. Una sola mueca fue suficiente para que mi amigo me dejara solo con ella. No cruzamos palabra alguna, sentada tomó su pava metálica, negra por el continuo uso directamente sobre el fuego y cebó sobre un mate de boca ancha, el líquido espeso y blanco fue llenando la calabaza suavemente.

Mate-pampaCon el mate ya cebado, se quedó mirando fijamente la superficie del mate lleno. Diría yo que lo estaba leyendo. Se demoró unos cuantos segundos, movía los ojos como quien asiente o entiende algo, luego me miró mientras me lo entregaba. Repitió el mismo acto al recibir mi mate ya vacío y la misma formalidad en los siguientes mates.

Decidí romper el silencio preguntándole directamente porqué miraba mi mate al terminar de cebarlo y no lo hacía con el suyo. Ella me miró y me dijo, que no precisaba saber nada nuevo de ella esa noche, que en todo caso yo era el curioso y no ella. Su español era correcto, pero no lo suficientemente natural, era fácil saber que no era su lengua materna.

Tomé mi nuevo mate pero esta vez yo también me detuve a verlo antes de beberlo. Sí, dijo ella. Pero debes aprender a leerlo, no simplemente a verlo. La yerba se hace palabras sobre la blanca superficie de la leche, son como palabras verdes en una hoja. Presta atención y lee suavemente lo que el Mate tiene para decirte. Aquella noche fría marcó para mí el comienzo de una nueva relación con esta bebida.

“La que no se puede decir su nombre “resultó ser una señora de una dureza y una concentración extremadamente llamativa. Paso a paso me contó qué y cómo se debía leer sobre la superficie del mate recién cebado de leche, como es que paulatinamente con el pasar de las cebadas éste iba describiendo a la persona y orientando al cebador qué camino tomar para ayudar a la persona consultante a resolver aquello que estaba en peligro, riesgo o sencillamente había que dejarlo caer. En casos extremos, cuando el cuidado exige una presencia más fuerte o poderosa, se debe tomar una brasa incandescente de madera dura de un árbol añejo, volcarla sobre una cantidad de azúcar y cuando ésta se cubre de una película de azúcar quemada echarla dentro de la pava o jarro con leche, este movimiento potencia no sólo la leche del Mate, sino el poder de la intención del cebador.

Evidentemente el Mate escrito es territorio de Abuelas, me explicó. Fundamentalmente porque ya nadie respeta ni siquiera recuerda la tradición, pero evidentemente hace falta de la intuición y la sensibilidad que son habilidades femeninas. El mate escrito es una herramienta de protección, se utiliza en caso de proteger a la persona, a veces simplemente como alimento de propiedades extraordinarias, a veces como talismán interno, es decir se lo incorpora al cuerpo más como objeto que como líquido. Es cierto que se le teme más que se lo respeta, siempre se ha tejido alrededor de él una estela de intrigas y misterios. Se ha dicho que sólo los más poderosos, los menos temerosos se animan a tomar este mate de noche. Pero sobre todo lo que más ha asustado al corriente de la gente, ha sido el cebador, es por ello que en los recuerdos de la cultura en general, el Mate escrito es tomado con precaución, el recuerdo de quienes lo cebaban para su uso específico ha erizado la piel de más de uno.

La lectura del mate ya cebado es una propiedad que no todas la mujeres han querido desarrollar, eso es normal, no es necesario que todas las propiedades sean utilizadas por todo el mundo, poco a poco esto se fue perdiendo y muchas mujeres solo utilizaban este mate hecho con leche para proteger a sus maridos, hijos o nietos. La propiedad más extendida fue la de Talismán familiar, así como algunas mujeres aprendieron a hacer sopas curativas y de protección, otras lo hicieron con esta bebida.

La lectura ya pertenece a otro tipo de sensibilidad, es terreno de mujeres más profundas, de una estructura diferente, de carne y huesos diferentes. Mi Abuela y la madre de mi Abuela, me dijo ella, eran llamadas mujeres lectoras. Leían todo tipo de cosas del Mate. No sólo los mates recién cebados, también la yerba seca o usada cuando se arrojaba a la tierra, el líquido del primer mate, las manchas de la calabaza usada, las bombillas rotas, la brasas a medio encender, los diferentes sonidos de la bombilla de bambú,   etc.

En los tiempos de los más antiguos estas técnicas eran utilizadas casi en exclusividad por las mujeres lectoras, así como ellas leían el mate, era terreno de los hombres las lecturas de las hojas de las plantas medicinales.

Quise saber si había alguna relación entre la lectura del mate y el futuro, pero ella insistió fuertemente en que jamás una lectora del mate hablaría el futuro, esa información es sólo para uno, no debe expresarse nunca, esa es la Ley.

El Sol asomó por entre las rendijas de la ventana de aquella habitación y mi anfitriona amablemente me invitó a retirarme. La información que dio de mí aquel día, aún hoy se sigue desenrollando dentro de mí. Nunca más volví a estar en su presencia, sólo continuó hablándome en algunos sueños.

Por Marcelo Plotnik

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